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La celebración de la selección española, tras llevarse la Copa en el Mundial de Suráfrica, se vivió incluso dentro del avión.


Lo 10 más leídos
Travesía por las entrañas del amor PDF Imprimir E-Mail
(5 votes)
Gatocpardo   
04 de julio de 2009

“Yo no sabía nada del amor y he llorado de felicidad”, admite un hombre, mientras conmovido asegura que “no existe una palabra con la que pueda expresar todo lo que siente”.

Ha pasado varias noches en vela preguntándose si esa ‘traga’ tiene cura y si algún día podrá salvarse. En medio de todo confiesa que es mejor sentirse así, aunque le preocupa no saber si está enamorado o se está volviendo loco.

Estas vicisitudes hacen parte de los secretos del amor que hasta la década pasada solo se habían interpretado desde los campos de la moral y la literatura, hoy –según el escritor y divulgador científico español Eduardo Punset– tienen explicación científica, pues residen en criterios puramente evolutivos y biológicos.


En su libro El Viaje al Amor, Punset señala que el comienzo del enmarañado sentimiento comenzó hace 3.000 millones de años “en el momento en el que una bacteria se preguntó si había alguien más ahí porque no podía vivir sola”.

Esos organismos, dice el autor, buscaban ansiosamente en otros la energía que no tenían, la velocidad que les faltaba, la capacidad para respirar o la protección frente a un entorno cambiante.

En esa fusión entre bacterias quedó claro que “el amor lejos de ser un acto de generosidad y de entrega, es un acto puro de supervivencia” y a luz del descubrimiento también cambió la vieja frase de que ‘el amor es ciego’, pues con los tardíos hallazgos -dice Eduardo Punset – por el contrario, los “ciegos siempre hemos sido nosotros”.

Para el director del programa científico Redes en TVE, el sentimiento más antiguo del mundo tiene por cimientos la fusión entre organismos acosados por las necesidades cotidianas y una seguidilla de reacciones químicas, autora también del incontenible ‘flechazo’ de Cupido.

Un cuento fabricado por la cabeza

Estudios anteriores, realizados por la antropóloga estadounidense Helen Fisher, y recogidos en el libro Por qué amamos, coinciden con Punset al afirmar que el amor es una interacción de sustancias en el cerebro y que la mayoría de sus sentimientos están escritos en la biología humana.

Un hombre o una mujer que tienen apetito sexual incrementan sus niveles de testosterona. Las causantes de ‘la traga’, sin embargo, son la dopamina, la norepinefrina y la serotonina.

La dopamina está involucrada en la capacidad de concentrarse, de aprender, de elegir, de experimentar el éxtasis e incluso tiene mucho que ver con las adicciones. La norepinefrina, por su parte, promueve el insomnio, la energía excesiva, la pérdida de apetito y la capacidad de memorizar pequeñas cosas. Y la serotonina, cuando es baja, genera pensamientos obsesivos-compulsivos.

Y es que esas sustancias tienen un papel importante en el amor: se genera más oxitocina –que genera apego, incluso entre madre e hijo-, varían los niveles de testosterona en hombres y mujeres, se dispara la dopamina y la serotonina baja ante la ansiedad de ver al ser amado. Este proceso es igual para un viejo amor que para uno recién estrenado.

"Es amor químico y hay experimentos con animales que muestran que ahí actúan las feromonas. En los homínidos el órgano que las detecta desapareció, pero aún hay feromonas en las mujeres”, dice el escritor español.

La famosa química

Todas estas particularidades están relacionadas con la pasión desbordada de los primeros días, que implica un gran desgaste para el organismo. Por eso, en un momento dado, el fuego se apaga y da paso a otros sentimientos, que también tienen su química.

Muy a menudo, el apego reduce el apetito sexual y las personas que solo querían sexo terminan en los parques deshojando margaritas. Por eso, Fisher advierte que es peligroso copular con quien no quiere comprometerse. “Aunque tu intención sea practicar el sexo esporádicamente, puede que al final te enamores”.

Los descubrimientos de Punset en el espacio neuronal concluyeron que un hombre dedica al sexo es 2,5 veces más que una mujer. El orgasmo femenino requiere una inhibición casi total de su cerebro emocional, es decir, que su cabeza esté libre de preocupaciones y no inquieta por el pago oportuno de la cuota del apartamento o el informe para la junta del próximo mes.

En otras palabras, a los hombres les corresponde la función de alardear de sus excelentes características genéticas y a las mujeres la decisión de elegir buenos genes o buenos recursos.

Otra versión tiene la antropóloga Fisher, quien afirma que con la sofisticación de los sistemas de elección las hembras tenían que buscar machos más consagrados al hogar. Claro esta, si el hombre quería aparearse, tenía que lucirse en el cortejo con poemas o cajas de chocolates.

Una vez cumplido el periodo de crianza de un hijo regresan las ganas de esparcir el ADN por otros lares –especialmente en el caso de los machos– o de buscarse un sustento complementario –en el caso de las hembras–. “Esto permitió a nuestros ancestros seguir dos estrategias reproductivas complementarias a la vez”.

Y en este punto comienza la historia de la infidelidad, que, según Helen Fisher, también tiene su vasta biología.

La monogamia apareció de algún modo por el interés de ambos padres en que sus hijos salieran adelante. “Evolutivamente tiene explicación. La indefensión de los hijos se alargaba de cinco a siete años y ese era el tiempo que debía durar el amor para que pudieran sobrevivir.

Además, hay más posibilidades de fecundar un óvulo en una relación larga que si se disemina el esperma por el planeta”, sostiene Punset.

En cuanto a la elección de la pareja hay una gran concentración en el aspecto, la simetría de las facciones, reflejo del metabolismo y los genes.

Signos de salud que nuestros abuelos seleccionaban para tener una prole digna de mostrar. Pese a esto no se descarta la alta probabilidad de enamorarnos de personas cercanas, con valores comunes y con buen sentido del humor.

Una de las nuevas claves científicas que ha causado mayor revuelo entre los científicos es que “sin memoria no hay amor” porque éste surge cuando al comparar algo con nuestras experiencias anteriores es mejor, por lo que la felicidad aumenta con la edad porque disponemos de más recuerdos que contrastar ante las nuevas posibilidades de un amor.

Cuestión de recuerdos

Entendible sería entonces que un noviazgo entre adolescentes pueda tener la misma intensidad que uno entre octogenarios. Según el autor, la felicidad aumenta con la edad porque tenemos más recuerdos y éstos se comparan con cada estímulo exterior, generando esa sensación de felicidad.

Aunque el escritor español Eduardo Punset haya dedicado su libro “a las bacterias, gusanos, ratones y primates que nos han descubierto los secretos del amor de los humanos” la pasión entre amebas y entre seres humanos no es idéntica y en eso, recuerda el autor, tiene mucho que ver la aparición de la conciencia y la imaginación.

“Es la conciencia la que nos permite interferir y decidir no tener hijos aunque amemos. Y aún así lo importante es el instinto de fusión, la inversión material y espiritual para que perviva (es decir, los compromisos de la pareja) y la negociación de la libertad de cada uno”, dice.

En los últimos capítulos a manera de colofón y en su sitio web (www.elviajealamor.com), Punset presenta un cuestionario para evaluar la capacidad de amar individual y su fórmula mágica del amor A=(a+i+x) k, que traduce en que el amor es la suma del apego personal, la inversión parental o familiar y la sexualidad, y todo ello afectado por el entorno.

En últimas, el amor hoy día -como hace tres mil millones de años- es la única respuesta a la necesidad inevitable de todos los organismos de perpetuarse y de dejar como desde el comienzo una huella, aunque sea imperceptible, en este cambiante universo, que ya no solo lo habitan “bacterias, gusanos, ratones y primates”.

Comentarios (4)Add Comment
...
escrito por Lunitap, julio 06, 2009
Vivir entre el amor es sin duda alguna el placer mas apasionado de la existencia humana.
No importa cuantos principes se vuelvan sapos o cuantos sapos se conviertan en principes ya q' finalmente en cada uno de ellos vive el amor... Enamorate, arriesgate, vive un desengaño y aprende q' amar es indispensable siempre q' te ames a ti mismo. Bien lo describe Walter Risso en su libro los Limites del amor. smilies/wink.gif
Del amor y otros demonios
escrito por Carlos S., julio 06, 2009
Esos demonios son: el apego, la necesidad, la costumbre, la rutina, el irrespeto y la incomprensión. El que mate los demonios, encontrará el amor duradero, más no eterno.
Sentimiento maravilloso
escrito por AlbaLu, marzo 03, 2010
Como diría un escritor francés: "Al primer amor se le quiere se le quiere más, a los otros se les quiere mejor". El amor sentimiento maravilloso!!!
...
escrito por Silvia, julio 21, 2010
Muy bien escrito. Siempre me ha llamado la atención esa necesidad del hombre de darle base científica a un sentimiento tan desbordante como el amor. Saludos.

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Gatocpardo   
04 de julio de 2009

“Yo no sabía nada del amor y he llorado de felicidad”, admite un hombre, mientras conmovido asegura que “no existe una palabra con la que pueda expresar todo lo que siente”.

Ha pasado varias noches en vela preguntándose si esa ‘traga’ tiene cura y si algún día podrá salvarse. En medio de todo confiesa que es mejor sentirse así, aunque le preocupa no saber si está enamorado o se está volviendo loco.

Estas vicisitudes hacen parte de los secretos del amor que hasta la década pasada solo se habían interpretado desde los campos de la moral y la literatura, hoy –según el escritor y divulgador científico español Eduardo Punset– tienen explicación científica, pues residen en criterios puramente evolutivos y biológicos.


En su libro El Viaje al Amor, Punset señala que el comienzo del enmarañado sentimiento comenzó hace 3.000 millones de años “en el momento en el que una bacteria se preguntó si había alguien más ahí porque no podía vivir sola”.

Esos organismos, dice el autor, buscaban ansiosamente en otros la energía que no tenían, la velocidad que les faltaba, la capacidad para respirar o la protección frente a un entorno cambiante.

En esa fusión entre bacterias quedó claro que “el amor lejos de ser un acto de generosidad y de entrega, es un acto puro de supervivencia” y a luz del descubrimiento también cambió la vieja frase de que ‘el amor es ciego’, pues con los tardíos hallazgos -dice Eduardo Punset – por el contrario, los “ciegos siempre hemos sido nosotros”.

Para el director del programa científico Redes en TVE, el sentimiento más antiguo del mundo tiene por cimientos la fusión entre organismos acosados por las necesidades cotidianas y una seguidilla de reacciones químicas, autora también del incontenible ‘flechazo’ de Cupido.

Un cuento fabricado por la cabeza

Estudios anteriores, realizados por la antropóloga estadounidense Helen Fisher, y recogidos en el libro Por qué amamos, coinciden con Punset al afirmar que el amor es una interacción de sustancias en el cerebro y que la mayoría de sus sentimientos están escritos en la biología humana.

Un hombre o una mujer que tienen apetito sexual incrementan sus niveles de testosterona. Las causantes de ‘la traga’, sin embargo, son la dopamina, la norepinefrina y la serotonina.

La dopamina está involucrada en la capacidad de concentrarse, de aprender, de elegir, de experimentar el éxtasis e incluso tiene mucho que ver con las adicciones. La norepinefrina, por su parte, promueve el insomnio, la energía excesiva, la pérdida de apetito y la capacidad de memorizar pequeñas cosas. Y la serotonina, cuando es baja, genera pensamientos obsesivos-compulsivos.

Y es que esas sustancias tienen un papel importante en el amor: se genera más oxitocina –que genera apego, incluso entre madre e hijo-, varían los niveles de testosterona en hombres y mujeres, se dispara la dopamina y la serotonina baja ante la ansiedad de ver al ser amado. Este proceso es igual para un viejo amor que para uno recién estrenado.

"Es amor químico y hay experimentos con animales que muestran que ahí actúan las feromonas. En los homínidos el órgano que las detecta desapareció, pero aún hay feromonas en las mujeres”, dice el escritor español.

La famosa química

Todas estas particularidades están relacionadas con la pasión desbordada de los primeros días, que implica un gran desgaste para el organismo. Por eso, en un momento dado, el fuego se apaga y da paso a otros sentimientos, que también tienen su química.

Muy a menudo, el apego reduce el apetito sexual y las personas que solo querían sexo terminan en los parques deshojando margaritas. Por eso, Fisher advierte que es peligroso copular con quien no quiere comprometerse. “Aunque tu intención sea practicar el sexo esporádicamente, puede que al final te enamores”.

Los descubrimientos de Punset en el espacio neuronal concluyeron que un hombre dedica al sexo es 2,5 veces más que una mujer. El orgasmo femenino requiere una inhibición casi total de su cerebro emocional, es decir, que su cabeza esté libre de preocupaciones y no inquieta por el pago oportuno de la cuota del apartamento o el informe para la junta del próximo mes.

En otras palabras, a los hombres les corresponde la función de alardear de sus excelentes características genéticas y a las mujeres la decisión de elegir buenos genes o buenos recursos.

Otra versión tiene la antropóloga Fisher, quien afirma que con la sofisticación de los sistemas de elección las hembras tenían que buscar machos más consagrados al hogar. Claro esta, si el hombre quería aparearse, tenía que lucirse en el cortejo con poemas o cajas de chocolates.

Una vez cumplido el periodo de crianza de un hijo regresan las ganas de esparcir el ADN por otros lares –especialmente en el caso de los machos– o de buscarse un sustento complementario –en el caso de las hembras–. “Esto permitió a nuestros ancestros seguir dos estrategias reproductivas complementarias a la vez”.

Y en este punto comienza la historia de la infidelidad, que, según Helen Fisher, también tiene su vasta biología.

La monogamia apareció de algún modo por el interés de ambos padres en que sus hijos salieran adelante. “Evolutivamente tiene explicación. La indefensión de los hijos se alargaba de cinco a siete años y ese era el tiempo que debía durar el amor para que pudieran sobrevivir.

Además, hay más posibilidades de fecundar un óvulo en una relación larga que si se disemina el esperma por el planeta”, sostiene Punset.

En cuanto a la elección de la pareja hay una gran concentración en el aspecto, la simetría de las facciones, reflejo del metabolismo y los genes.

Signos de salud que nuestros abuelos seleccionaban para tener una prole digna de mostrar. Pese a esto no se descarta la alta probabilidad de enamorarnos de personas cercanas, con valores comunes y con buen sentido del humor.

Una de las nuevas claves científicas que ha causado mayor revuelo entre los científicos es que “sin memoria no hay amor” porque éste surge cuando al comparar algo con nuestras experiencias anteriores es mejor, por lo que la felicidad aumenta con la edad porque disponemos de más recuerdos que contrastar ante las nuevas posibilidades de un amor.

Cuestión de recuerdos

Entendible sería entonces que un noviazgo entre adolescentes pueda tener la misma intensidad que uno entre octogenarios. Según el autor, la felicidad aumenta con la edad porque tenemos más recuerdos y éstos se comparan con cada estímulo exterior, generando esa sensación de felicidad.

Aunque el escritor español Eduardo Punset haya dedicado su libro “a las bacterias, gusanos, ratones y primates que nos han descubierto los secretos del amor de los humanos” la pasión entre amebas y entre seres humanos no es idéntica y en eso, recuerda el autor, tiene mucho que ver la aparición de la conciencia y la imaginación.

“Es la conciencia la que nos permite interferir y decidir no tener hijos aunque amemos. Y aún así lo importante es el instinto de fusión, la inversión material y espiritual para que perviva (es decir, los compromisos de la pareja) y la negociación de la libertad de cada uno”, dice.

En los últimos capítulos a manera de colofón y en su sitio web (www.elviajealamor.com), Punset presenta un cuestionario para evaluar la capacidad de amar individual y su fórmula mágica del amor A=(a+i+x) k, que traduce en que el amor es la suma del apego personal, la inversión parental o familiar y la sexualidad, y todo ello afectado por el entorno.

En últimas, el amor hoy día -como hace tres mil millones de años- es la única respuesta a la necesidad inevitable de todos los organismos de perpetuarse y de dejar como desde el comienzo una huella, aunque sea imperceptible, en este cambiante universo, que ya no solo lo habitan “bacterias, gusanos, ratones y primates”.

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...
escrito por Lunitap, julio 06, 2009
Vivir entre el amor es sin duda alguna el placer mas apasionado de la existencia humana.
No importa cuantos principes se vuelvan sapos o cuantos sapos se conviertan en principes ya q' finalmente en cada uno de ellos vive el amor... Enamorate, arriesgate, vive un desengaño y aprende q' amar es indispensable siempre q' te ames a ti mismo. Bien lo describe Walter Risso en su libro los Limites del amor. smilies/wink.gif
Del amor y otros demonios
escrito por Carlos S., julio 06, 2009
Esos demonios son: el apego, la necesidad, la costumbre, la rutina, el irrespeto y la incomprensión. El que mate los demonios, encontrará el amor duradero, más no eterno.
Sentimiento maravilloso
escrito por AlbaLu, marzo 03, 2010
Como diría un escritor francés: "Al primer amor se le quiere se le quiere más, a los otros se les quiere mejor". El amor sentimiento maravilloso!!!
...
escrito por Silvia, julio 21, 2010
Muy bien escrito. Siempre me ha llamado la atención esa necesidad del hombre de darle base científica a un sentimiento tan desbordante como el amor. Saludos.

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