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Especial sobre blogs y libertad de prensa Opinan sobre el tema Hernán Rincón, vicepresidente de Microsoft para Latinoamérica; Darío Restrepo, director Citytv; Nicolás Cuellar, columnista de la Generación Invisible desde Argentina; Lucia Esparza, jefe de emisión Citytv; Juan Manuel Ruiz , subdirector Radiosucesos RCN; el ex fiscal Alfonso Gómez Méndez y David Castiglioni, gerente de Digital Advertising Solutions de Microsoft Latinoamérica.
Periodistas: Marce Rojas y Juan José Posada |
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| El Calvario, 24 horas después del temblor |
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| Redacción GI | |
| 25 de mayo de 2008 | |
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La Generación Invisible trasladó un equipo de reporteros hacía el epicentro del sismo que sacudió este sábado el centro del país. Un movimiento telúrico de 5.5 grados en la escala de Richter, que ocasionó la muerte de 15 personas y la caída de líneas eléctricas y daños a viviendas en varios poblados del Meta y Cundinamarca, según reportes oficiales. Después del susto y de los gritos de pánico que por varios minutos se tomaron la plaza principal del pueblo, Graciela Jiménez, de 64 años, dice no temerle a nada. “A esta edad lo que más le preocupa a uno son las articulaciones y la misa de los domingos”, afirma. Se acostumbró junto con las otras familias de El Calvario y de la inspección de San Luis de Montfort a los derrumbes sobre la única vía que los comunica (a tres horas en carro) con Villavicencio (la capital del departamento), a los ríos de lodo y piedras que en invierno circulan por las escarpadas calles del poblado y a las grietas –para ella normales– de su viejo rancho protegido de la intemperie con tejas de lata oxidada. “Aquí estoy feliz; tengo aire fresco y agua limpiecitica de la quebraba. En cambio en Villavo no podemos montar un negocio ni trabajar en nada. Mírenos, mi esposo y yo somos unos viejos”, dice con tristeza y preocupación, mientras señala la parte trasera de su casa: en el patio, unas ‘maticas’ de plátano, yuca y guatila. “Si no tengo plata agarro una guatila y la guiso con un pedazo de yuca”. Ese puede ser el menú de una semana. A veces lo acompaña con gallina (le queda una). La sacrificará cuando regrese su esposo de Villavicencio, a donde viajó la mañana del domingo para traer víveres y medicinas. Para Graciela, la reubicación es cuento viejo. “Hace más de 10 años están diciendo que nos van a llevar y todavía aquí estamos”. Pese a su escepticismo ya prepara el viaje. Sus pocas pertenencias las tiene en cajas amarradas con cabuya. “Si nos toca irnos, pues nos vamos, pero sería una lástima que me tumben mi casita. Mírela, dígame usted si no está buena”, pregunta afligida, porque la iglesia, el puesto de salud y el colegio los demolieron; amenazaban ruina y su rancho por las grietas en las paredes puede ser el próximo. Desde que tumbaron la capilla en San Luis de Montfort, los 250 pobladores se desmoralizaron, pero no perdieron la fe, cuenta el párroco Sigifredo Tocasuche, quien llega a San Luis de Montfort los viernes en la tarde montado como cualquier parroquiano en uno de los dos jeep que diariamente se atreven a subir por la carretera pedregosa e inclinada de 4 metros de ancho para poder celebrar la misa los domingos. Las camionetas aprovechan que solo van tres adultos y dos niños para subirle víveres y abarrotes a las tres tiendas del pueblo. Según el párroco, por la ausencia de la Policía y del inspector, ha tenido que hacer las veces de máxima “Servir de conciliador y atender las quejas de toda la comunidad”, explica al mismo tiempo que narra que el caserío actualmente lo conforman familias con bastantes niños. Según él, los jóvenes fueron los primeros en irse, después de que tumbaron la escuela. Como sucedió con Dubán Jiménez. A principio de año, tras ver el salón donde recibía clases hecho polvo, sus papás lo mandaron a San Martín (Meta) para que terminara el bachillerato. “Para mí fue duro porque me acostumbré a vivir aquí y me dio nostalgia irme”, dice el joven de 15 años, que actualmente cursa noveno grado. Pero no todos quieren ni pueden irse. A Wilfredo García, de 27 años, no lo deja dormir la incertidumbre de su futuro en la ciudad. “Será trabajar como ayudante de construcción –afirma– porque qué más puedo hacer si vengo del monte de echar machete y pica”. Entre los más renuentes al cambio está Mauricio Parrado, quien lleva 55 de sus 66 años viviendo en la zona. “Acá vivo a lo ancho de la seda. Por más pobre nunca me he acostado sin comer”. Su esposa, Elvira Muñoz, sí quiere irse. En Villavicencio viven sus cinco hijos. Mauricio trata de convencerla. “Mire, mija, esto no se rueda, todavía faltan por ahí 50 años. Mejor dicho, otra vida”, le dice. Comentarios (5)
![]() escrito por Alejandro Gualteros, mayo 25, 2008
Una tragedia con daños incalculables que a mi modo de ver evidenció que no estamos preparados para catástrofes naturales... mucho valor para las familias afectadas
escrito por Roberto, mayo 25, 2008
La Generación Invisible no deja de sorprender con su periodismo serio y de profundidad. Esta crónica lo demuestra. Felicidades
escrito por Monik Restrepo, mayo 25, 2008
Otra cara de la tragedia que la naturaleza nos puso a vivir ayer a todos los colombianos, no estamos preparados y el gobierno no reacciona como es debido. La atención médica en kilómetro 50 vía a Villavo no fue oportuna, se pudieron salvar muchas vidas pero siga habiendo mucho cacique de escritorio y poco obrero con overol para ayudar al pueblo. Señor Álvaro Uribe, Colombia necesita prepararse para este tipo de emergencias no solo para la guerra.
escrito por Christian P, mayo 30, 2008
Pues, Tatiana, hasta ahora imposible predecir si las réplicas - producto del temblor del sábado pasado- dejaran de sentirse en la capital del Meta. Por su cercanía con el epicentro, es lógico que días después de un movimiento telúrico (de características superficiales) se sientan un constante vaivén. En lo personal aconsejo estar preparados frente a cualquier eventualidad, sin que esto sea una llamado a generar pánico. Pienso que de la misma manera como hay que llevar botiquín de primeros auxilios y un kit básico (así uno no se choque o tenga un accidente) en el baúl del carro, de igual forma debemos estar preparados frente a cualquier emergencia de tipo natural.
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