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“Don Hernando Santos y Caliban deben estar revolcándose en la tumba”, dijo mi madre, al ver cómo una pifia periodística de El Tiempo, terminó por convertirse en la comidilla de los cancilleres de la OEA reunidos este lunes en Washington. El rotativo, el único de circulación nacional, publicó sin mayor rigor, una fotografía del desaparecido ‘Raúl Reyes’ dando como un hecho que quien aparecía en la imagen era el ministro de Seguridad de Ecuador, Gustavo Larrea, cuando el acompañante del jefe de las Farc era un líder comunista argentino, como lo corroboró el Canciller de ese país.
Se trata de un hecho grave en la historia de nuestro Periodismo. Un baldado de gasolina a la llama insofocable de la crisis entre Colombia y Ecuador, lo que habla muy mal de los criterios con los que se conduce El Tiempo.
Y como al caído caerle, este lapsus fue aprovechado por el canciller de Venezuela, Nicolás Maduro, quien no tardó en señalar al diario como el abanderado de una campaña de “infamias”, con el objetivo de dividir a Colombia, Ecuador y Venezuela.
Tampoco es fácil que un diario que busca gobernarse con independencia, tenga en altos cargos del Gobierno a dos miembros de la familia propietaria, como lo son el ministro de Defensa y el Vicepresidente, Juan Manuel y Francisco Santos. Cualquier colombiano de a píe puede pensar que El Tiempo se presta a las maniobras mediáticas del Gobierno.
Es "un doble error que afecta la credibilidad del periódico y que nos obliga a reforzar los mecanismos internos de verificación y control para que esto no vuelva a ocurrir. Y que nos lleva a pedir, desde este espacio, excusas al ministro Gustavo Larrea y al Gobierno del Ecuador", dice el editorial de El Tiempo este martes.
Pero no se puede llorar sobre la leche derramada. Este diario, fiel representante del establecimiento, tendrá que hacer una profunda reflexión para que estos hechos no se repitan. Espero que el regreso de El Espectador como diario, sea un impulso para que El Tiempo mejore su calidad periodística, deteriorada ante la falta de un espejo en el cual compararse.
Por mucho tiempo, la Casa Editorial de los Santos ha ostentado el reinado como único diario nacional y como guía de la opinión pública, hasta el punto que los programas radiales hacen sus libretos basados en sus cuartillas.
Este también es un llamado para quienes le siguen los pasos a El Tiempo y su servicio en Internet, que confiado en la soberbia de creerse la “mejor página” del país, también ha desmejorado su actualización y calidad. Comprendan que éste no es el mismo diario que dirigía don Hernando. Esos “Tiempos” jamás volverán.
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