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| La bomba de tiempo |
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| Carlos Sanabria | |
| 26 de noviembre de 2007 | |
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Pensaba escribir una oda al concierto de Soda Stereo en Bogotá. Pero Hugo Chávez y Álvaro Uribe me cambiaron la agenda. Pero no importa, ya estoy acostumbrado. Además, sería un desconsiderado si me hubiera desparramado con una emocionante crónica sobre ‘Su Majestad’, en un momento tan delicado para las relaciones exteriores colombianas. Me gustan las definiciones y aquí traigo la de diplomacia, que en dos de sus cuatro acepciones dice: “Cortesía aparente e interesada” o “Habilidad, sagacidad y disimulo”. El presidente Hugo Chávez demostró en las últimas horas que desconoce tales calificativos. Con la vehemencia de su verbo y la anacronía de sus ideas, traídas de esa izquierda raída por las polillas, Chávez llamó a Uribe mentiroso, oligarca y conspirador, como parte de su reacción ante la suspensión de la mediación ante las Farc en busca del acuerdo humanitario. Además, lo comparó con Francisco de Paula Santander al que la historia le endilga el intento de asesinato de Bolívar en la noche septembrina. Uribe respondió, también con fuerza, y se despojó de la prudencia con la que tomó la decisión que por cuadragésima vez echó al traste el esfuerzo interminable por conseguir la libertad de los secuestrados. El mandatario acusó a Chávez de legitimar el terrorismo de las Farc y de ser la cabeza visible de un proyecto expansionista, intolerable en un país como Colombia, que en sus casi 200 años de democracia ha respetado las libertades individuales. Más allá de la frustración por perder una oportunidad para los secuestrados, que al principio se veía de oro, y que terminó por mancharse con el más quemado de los aceites, este episodio estalló la bomba de tiempo y en sus ráfagas explosivas destelló la polarización política en Latinoamérica. Esta semana este lado del mundo amaneció con un líder de extrema derecha y abanderado de la lucha contra el terrorismo, como Álvaro Uribe, y otro dirigente, enmarcado en las tesis del socialismo recalcitrante y autoritario, como Hugo Chávez. Durante cinco años, ambos mandatarios fungieron ante las cámaras y los periodistas como amigos, eso sí, en distintas orillas ideológicas, pero sin tocarse. Este domingo, ambos se despojaron de la “diplomacia” y cual perros de caza, se mostraron los dientes. Pero esta vez Uribe tiene la razón. Lo ratifica el silencio de los familiares de los secuestrados, quienes han sido tímidos o nulos en sus reacciones. Ellos saben que Chávez llegó demasiado lejos: Pidió reunirse con ‘Tirofijo’, recibió en Miraflores a un delegado de las Farc y trató de conseguir información con el alto mando institucional colombiano a través de canales inadecuados, como aquella llamada al general Montoya. Los hechos demuestran que la mediación de Chávez fue más política que humanitaria. Faltaba más… Ahora un extranjero aprovechándose del dolor de las víctimas para conseguir subir su popularidad. Hoy todos los colombianos debemos decirle a Chávez: “¿Por qué no te callas?” Comentarios (0)
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