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| 'No estábamos preparados' |
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| Leodan Rivera Granados / Corresponsal desde Perú | ||||
| 31 de agosto de 2007 | ||||
Página 1 de 2 El miércoles 15 de agosto hacia las 6:40 de la tarde un fuerte movimiento telúrico de 7.9 en escala de Richter sacudió la costa central del Perú. Los primeros reportes por la cadena nacional de noticias informaban el epicentro frente a la costa de Pisco (Perú). Dos minutos fueron suficientes para dejar más 3.500 personas damnificadas, con más de 80 por ciento de casas destruidas y 519 muertos. Teléfonos fuera de servicio, ciudades enteras sin luz y el retiro del mar a más de 12 metros nos preocupaba. La desesperación empezaba a reinar y todas las líneas de comunicación colapsaron. ¡No estábamos preparados para una catástrofe de esta naturaleza!, la desesperación se apoderó de todos los peruanos, el pánico se extendía en las ciudades afectadas ante las continuas réplicas y sin que nadie acudiera a su auxilio. Los que no perdieron la vida en el terremoto murieron de ataques cardiacos, producidos por la angustia, el terror y la desesperación. "La gente ya no quiere salir de la casa", dijo la Policía. Pasaban las horas, la noche se hizo interminable. Con pistas agrietadas, puentes a punto de colapsar, casas destruidas, los pereuanos incomunicados completamente, sin luz, sin agua, y ante el temor de un posible Tsunami, como rumoraban los sobrevivientes. En horas de la madrugada empezaban los saqueos por los amigos de lo ajeno, apoderándose de todo lo que encontraban a su paso, sin pensar en el daño que ocasionaban a las familias afectadas. Así amaneció Chincha, Pisco, Cañete, Nazca, Ica, parte de Huancavelica y Arequipa. Catástrofe total. Las ayudas solidarias llegaban de diferentes partes del país, el mundo entero ponía su mirada en Perú. Escuchaba a una joven mujer de la provincia de Cañete, que dos días después de la tragedia me decía por teléfono: “No tenemos que comer, ni agua... La Defensa Civil solo atiende a muertos y heridos” . Supe entonces que si la situación antes era así el drama a esa hora peor. La ayuda si bien era en grandes proporciones no llegaba a todos, las horas y los días pasaban rápidamente. El recuerdo de este trágico día vivirá siempre en nuestros corazones y lo recordaremos como el día donde muchos compatriotas murieron sin miramiento ante la furia de la naturaleza. Se han producido más de 3 mil replicas hasta el momento, según información del Instituto Geofísico del Perú (IGP). Nuestro país vive en un caos total y nos referimos a la falta de atención para las personas damnificadas que aún se sigue sumando. |
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