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Gatocpardo
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09 de agosto de 2007 |
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Sus hallazgos están en el campo de la selectividad de recuerdos, uno de los muchos aspectos de la memoria, que analiza los procesos específicos del cerebro responsables de hacernos conscientes de lo que hemos aprendido o recordado, que dependen de la red de comunicación entre los recuerdos conscientes e inconscientes, algunos de los cuales Helmstetter llama "recuerdos emocionales".
Es así que un recuerdo emocional, como un accidente de tránsito traumático, puede pasar a ser memorable, luego de que el sistema nervioso autónomo produzca respuestas corporales como el aumento en los latidos por minuto del corazón, la aparición de sudoración y un incremento de la tensión arterial. Una respuesta aparentemente imperceptible que hará que el accidente quede guardado por siempre en su disco duro.
Investigadores que trabajan en descifrar cómo el celebro almacena nuevos recuerdos afirman que durante el sueño profundo las neuronas del hipocampo y del neocórtex reproducían los recuerdos, en explosiones simultáneas de actividad eléctrica. Lo mismo a tener una sala de video, conectada al cerebro, reproduciendo lo que vivimos ese día.
Los resultados, que aparecen publicados en la revista Nature Neuroscience con la firma de Daoyun Ji y Matthew A. Wilson, investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), demostraron que es posible interpretar los recuerdos mediante el uso de electrodos colocados dentro del cerebro y en neuronas especiales en el hipocampo.
En un experimento con ratas, el doctor Wilson consiguió que los roedores, después de recorrer un laberinto, lo recordaran. Sorpresivamente el mapa mental era en sentido inverso y el retroceso del recuerdo duró una pequeña fracción del tiempo real del viaje.
Eso explicaría gran parte del funcionamiento de cómo se consolidan los recuerdos diarios, por qué es necesario soñar y cómo se construyen modelos mentales del entorno, que son los que guían el comportamiento.
Con esto también se podría concluir que para los científicos la clave de los recuerdos está en el diálogo entre el hipocampo, donde se forman los primeros repasos de las situaciones cotidianas, y el neocórtex, la lámina de neuronas en la superficie externa del cerebro que media el pensamiento consciente y alberga los recuerdos a largo plazo.
De dar con el quid del asunto, la ciencia podría darle en los próximos años al cine el regalo prometido.
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