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Juan Pablo Plata, de La Movida Literaria y amigo entrañable de la Generación Invisible, nos aporta un post sobre el paso del Hay Festival por Bogotá. ¡No se lo pierdan!
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Los más destacados festivales literarios en Colombia son: Hay Festival (Cartagena), Festival El Malpensante (Bogotá), Festival Internacional de Poesía de Medellín y Festival Internacional de Poesía de Bogotá. Abiertos a otras artes son: Festival de las Artes (Barranquilla), Festival Internacional de Música (Cartagena), Festival Iberoamericano de Teatro (Bogotá), Festival internacional de Cine (Cartagena), Festival Internacional de Arte y Festival de Rock Alternativo Calibre(Cali) y Rock al Parque (Bogotá). Y hay muchos más, aparte de ferias y fiestas regionales, pero no suenan tanto ni tienen la abrumante acogida de los listados.
Iniciando Febrero de 2010, ya se dejaron oír las primeras críticas anuales como lo son la periodicidad de casi todos los eventos.
Digamos para resumir las críticas:
1. Son hechas por los excluidos de los festivales (Escritores, músicos, moderadores, empresas, medios). Si estos mismos críticos estuvieran en las veladas con una charla, un concierto, una valla, un stand, pauta, una sala de exposición, una tarima para decir, cantar, recitar, seguro no dirían nada. Pero serían reemplazados a su vez por otros excluidos, pues ni en el cielo, dicen los que saben, vamos a caber todos.
2. Los ataques a los festivales son muy variados. Algunos hablan de esnobismo, de centralismo en las ciudades donde ocurren los encuentros, de la regular escogencia de obras y creadores. De todo dicen. A mí todos los festivales, sea el Hay Festival o el Festival del Bambuco, me parecen un bálsamo para un país con las dificultades de Colombia. No entremos en materia. Demos gracias por tantos festivales, porque ¨esto no es Dinamarca sino Cundinamarca¨, Colombia (Dijo Darío Echandía), desde donde escribo.
Solución: recomiendo rotar más a los participantes, organizadores, anunciantes y artistas locales; las sedes y fechas, para evitar tantas detracciones inútiles, antes que opiniones constructivas, todas causadas por el resentimiento y la exclusión.
Colombianos, hace diez años no había muchos puntos para la dispersión intelectual, ni tanto apoyo estatal y privado. Una vez más, demos gracias y si reprochamos algo que sea con razón y sin ánimo de desquite.
Escritores con gracia
Los festivales literarios son una excelente oportunidad para ver a los chef de la palabra aclarar sus recetas de obras prodigiosas. Sirven también los festivales para los debates cara a cara entre lectores y autores. Para burlar o desmitificar amanuenses o seguir admirando las ideas de alguien.
Ian McEwan en Bogotá, en la Biblioteca Luis Ángel Arango, fue un evento satélite del Hay Festival. Estuvo muy concurrido y cargado con un alto grado de fetiche autográfico. Pero fue también una grata oportunidad para oír a McEwan (Sigue parafraseo, nada literal):
- Reconoció a Antón Chejov como influencia en la forja de la estructura, la atmósfera y los personajes de sus narraciones.
- Habló mucho sobre Chesil Beach y el proceso creativo y la forma de ese libro y poco sobre Ámsterdam. (La receta la dio, pero incompleta. Ya saben: un mago no revela…)
- Anunció Solar, su próxima novela basada en el tema del calentamiento global, mientras sugería a los escritores una distancia prudente para escribir sobre ciertos hechos históricos. ¿Indirecta para afanados escritores colombianos / latinos? No creo, aunque encaja.
- Dijo: en la poesía se habla, por ejemplo, del amor, de las cosas en su mejor momento. La narrativa y el teatro sirven para hablar de las cosas cuando ya se han echado a perder.
Mucha gracia, inventiva y buena prosa tiene McEwan. Léanlo.
En el Hay Festival 2010 en general, se redujo la propensión del público de pedir el micrófono para acabar haciendo una miniconferencia de perdido pero aparecido y al final no hacer pregunta alguna.
El evento de McEwan fue una ocasión para ver un escritor con gracia.
Dice, Holden Caulfield, personaje de la perdurable novela El guardián entre el centeno de Jerome David Salinger (1919-2010), autor recluso y con gracia de sobra, muerto hace poco: ¨Lo que en realidad me deja sin sentido es un libro que cuando lo has acabado, deseas que el autor que lo escribió sea un increíble amigo tuyo, para poder llamarlo por teléfono cuando quieras.¨ (What really knocks me out is a book that, when you’re all done reading it, you wish the author that wrote it was a terrific friend of yours and you could call him up on the phone whenever you felt like it.)
Sobre el encanto, la gracia, Vila-Matas cita a Fernando Savater – no sabemos si de manera apócrifa pero no nos interesa-: "Sin embargo, a mí Auster me parece un escritor que despierta generalmente toda mi simpatía literaria y que en cualquier caso siempre me parece sencillamente encantador. (…) Tiene toda la gracia como aliada, pertenece a esa clase de autores (como Stevenson, por ejemplo) de los que Savater dice que tienen encanto:
< >. Para Savater el encanto en literatura es una propiedad más fácil de describir negativa que positivamente, un algo que no es genio, ni profundidad, ni brío, ni perfección formal, ni vocación innovadora o clásica; tal vez es un toque que puede poseer un autor menor y estar sin embargo ausente de una alta cima de las letras universales. (Ella era Hemingway. No soy Auster. Barcelona: Cuadernos Alfabia. 2008. p. 21)
Por la gracia de los artistas, por los festivales, piensen antes de tirarles.
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